La invasión de las barretinas: 70 años de penetración catalana en las Rías Baixas (1750-1820)

Repruducción al óleo de un grabado de Doré del Siglo XIX que se encuentra en el Museo Provincial de Pontevedra

Reproducción al óleo de un grabado de Doré del Siglo XIX que se encuentra en el Museo Provincial de Pontevedra. La pieza fue encargada y se le obsequió al RCN de Vigo, al término de la “Exposición Galegos e Catalans” (Semana Caixanova 2008), comisariada por Manuel Pedro Seoane y Juan Marcet. El grabado reproduce una escena de pescadores catalanes, barretina incluída, pescando en la Ría de Pontevedra, a comienzos del Siglo XIX

Es una experiencia que solía hacer desde muy joven: ¿Sabes que quizás Vigo es una de las ciudades con mayor número de habitantes descendientes de catalanes?,…, y me respondían ¿es una broma?,…, y tomaba la guía de la Compañía Telefónica y les decía: “Por ejemplo vamos a la letra que quieras y verás los apedillos,…”, y mi interlocutor quedaba impresionado: Massó, Coma, Serrat, Pujol, Colomer, Barret, Marcet, Bolíbar, Detrell, Fábregas, Palau, Haz, Puch, Crusat, Escofet, Barreras, Torres, Millet, Carsi, Curbera, Puig, Portanet, Durán,…, y así cientos y cientos,…, ¿pero qué pasó?,…, pues simplemente que a mediados del Siglo XVIII vino a la Ría de Vigo, Bonaventura Marcó del Pont i Bori, natural de Calella de Palafrugell como avanzadilla por dos razones: la primera ver las posibilidades del sector de la pesca industrial de la anchoa, pues en el Mediterráneo estaba lo que se dice esquilmana. La otra razón establecer una Base Corsaria en Vigo al servicio de Carlos III y posteriormente de Carlos IV.

Vigo pasó de ¡250 habitantes! a que solamente Marcó del Pont tuviera ¡5.000 empleados!, miles de compatriotas suyos se establecieron en Vigo principalmente, la zona más atractiva y mejor de Vigo todavía se llama el Barrio de los Catalanes. Allí montaron las fábricas de salazones primero y las conserveras después. Entre el salazón y el corso Vigo abandonó el ser un pueblo a rozar a alcanzar en el Siglo XIX, ¡las 50.000 almas!. Esta es mi historia de Vigo, una de las ciudades más importantes de descendientes de ciudadanos catalanes: “LA INVASION DE LAS BARRETINAS”

1750

Comienzan a llegar las primeras expediciones de industriales catalanes a las Rías Baixas. En una primera fase los puertos de Bueu y de Cangas son sus asentamientos. Esta primera oleada de la “Invasión de las barretinas” dura aproximadamente hasta el año 1780. Entre esta fase y la segunda hasta bien entrado el Siglo XIX, se calcula que unos 25000 catalanes vinieron a las Rías Baixas. Lo que conforma uno de los acontecimientos más importantes en la historia socio-económica de Vigo y su zona de influencia. En estos tiempos Pontevedra lideraba la producción de los alfolíes gallegos por el volumen de sal vendida, seguida de Betanzos, Padrón, Redondela, Viveiro, Vilagarcía y Vigo. Con la llegada de los catalanes en unos años Vigo asume el liderazgo de un modo claro. Su gran innovación la utilización de las “artes jabegas” con las que se lograban lances de 40 toneladas,…, capturas fenomenales que abarrotaban las “chancas” de las fábricas de salazón, precursoras de las de conserva.

1758

Se instala en Vigo Bonaventura Marcó del Pont i Borí, nacido en la localidad gerundense de Calella de Palafrugell veinte años antes. Es el primer catalán que fija su residencia en Vigo. En el Censo Mercantil de Vigo se registra como “traficante de sardina” que hasta la fecha solamente estaba compuesto por “individuos de estirpe autóctona”, tal como reza en el Archivo de Actas del Ayuntamiento de Vigo en su folio 101, en al año 1767.

1759

Llega el barcelonés Francisco Puig a Vigo, que va a ser el socio más importante de Marcó del Pont. Es el comienzo de la numerosa lista de familias catalanas que en estos años vienen a Vigo, resaltando entre otros los Félix Buch, Juan Buch y Narciso Buch (Calella), Antonio Carbó y Benito Carreras (Tossa de Mar), Bartolomé Dalmau (Reus), Francisco Ducasi y Félix Ferrer (Barcelona), Juam Gumá (Sitges), Francisco Meltra, Gabriel Serafín, Francisco Solá y Pedro Nonell (Mataró).

1760

La familia Fábregas se asienta en el “Areal de las Monxas” y se consagran en el despacho de sardina salada, con el fin de exportarla a Cataluña. Los Fábregas que procedían de Barcelona llegan a tener tres fábricas de sardina, una en Teis, otra en Aldán y la tercera en Moimente (Hío). Esta última la venden años después al francés Torunelle por 10.000 reales.

Imagen del Libro-registro de la Iglesia de Santa María de Vigo

A la izquierda imagen del Libro-registro de la Iglesia de Santa María de Vigo que se encuentra en el Archivo Diocesano de la Catedral de Tui. En el se refleja el acta del matrimonio entre Marcó del Pont y Juana Angel Méndez (abuela del Almirante Méndez Núñez), en el año 1860. Fue testigo de este enlace José de la Gándara (Javier de la Gándara es descendiente suyo). A la derecha un Pasaporte-Salvoconducto catalán de comienzos del Siglo XIX para sus viajes comerciales a Vigo (Colección Seoane&Prado).

1762

En las memorias de Beliardy que fue Cónsul General de Francia en Madrid se reflejan interesantes informes sobre la incipiente actividad de los industriales catalanes en Galicia: “Los pescadores gallegos no lograron hasta la llegada de los catalanes obtener el debido provecho, lucrándose a lo grande, de una formidable riqueza pesquera”. Este documento se encuentra en la Bibliotheque Nationale de París.

1764

Carlos Guixeras natural de Barcelona se afinca en Vigo. Era uno de los más importantes profesionales del mercado del pescado del Mediterráneo. Posteriormente su hijo Carlos se asoció al también catalán Ramón Carreras, y formaron una empresa que poseía una fábrica de salazón de sardina en el Barrio del Areal de Vigo.

1765

El Cónsul de Inglaterra en Barcelona en un memorial alzado al “Board of Trade de Londres”, relata que los mercaderes británicos afincados en Barcelona imputan el gran declive experimentado en Cataluña por las importaciones de pescado salado procedente de los dominios británicos, fundamentalmente a las que se llevan a cabo de salazones de Galicia por los industriales catalanes, que gozan de una superior calidad en elaboración que la británica.

1766

Los catalanes denuncian “la fuerte enemiga que les profesa la marinería de la villa y puerto de Cangas desde su principio”. Se citan destrozos que les causan los marineros cangueses en sus secaderos (al cegárselos con piedras), y que les quemaban todas sus artes y sus barcos. Eran uns primeros años en que los pioneros venidos del Mediterráneo tuvieron que soportar una fuerte reacción anticatalana por parte de los gremios de mareantes nativos. En Bueu el “fomentador catalán” José Caminada, oriundo de Mataró, se querella judicialmente contra los marineros de aquel puerto por “haberle arruinado y echado por tierra el alpendre que tenía a la orilla del mar para la sala de sardina”. Luego desistiría de su demanda y la retiraría, alegando que “deseba paz, sosiego y quietud como buen cristiano”.

La residencia veraniega de Marcó del Pont en Redondela.

La residencia veraniega de Marcó del Pont en Redondela.

1770

En esta ocasión protestan los Fábregas y los Guixeras, contra los marineros de Cangas por las enormes dificultades que les ponen para poder pescar en la Ría de Vigo. Gran parte de los “fomentadores catalanes” se instalan de diferentes villas de la Ría, pero otros optan porque su permanencia en Galicia por el tiempo de la costera de la sardina, regresando habitualmente a la que llamaban su nación catalana. Un hijo del Fábregas primegenio en Vigo, Vicente Fábregas, fue el que continuó los negocios de su padre basadas en la salazón de la sardina y su exportación a Cataluña, teniendo su base en el Barrio del Areal.

1775

Se decide levantar la prohibición a la utilización de la “jábegas” en las Rías Bajas. En este año los pescadores catalanes ya operaban con más de un millar de nasas en la Ría de Vigo y varias jábegas, logrando capturar diez mil millares de sardina. Los catalanes sumaban estas capturas a las adquisiciones que llevaban a cabo en otros puertos, y las exportaban fundamentalmente a Cataluña. Estas exportaciones se calcula superaban el valor de unos cinco millones de reales de los de aquellos años.

1778

Continúa la lucha entre los pescadores nativos y los “fomentadores catalanes” por el uso de la “jábega” eran tiempos en los que gobernaba en España Carlos III. La iniciativa de los catalanes y su tecnología mucho más evolucionada que la que se empleaba en Galicia, logra poner en marcha nuevas empresas salazoneras y con ellas lograrían convertir a Vigo en primerísima sede de contratación pesquera y en el gran mercado de abastecimiento de toda España y otros países.

1779

Se critica en la Estafeta de Londres, la postura del pescador gallego anclado en sus ancestrales prácticas, no atreviéndose a promover salazones por estimar que no era rentable a corto plazo. El articulista Martínez del Villar apostillaba entonces: “Si toda España fuese Cataluña tendrían mucho que sentir las principales potencias comerciales de la Europa”, a propósito de las ventajas que suponía el haber erigido los catalanes tantas fábricas de salazón en Vigo y demás puertos del litoral gallego.

1780

Comienza la segunda oleada de los catalanes, entre los que vinieron muchos que simultanean sus actividad en la pesquería con la importación y exportación de vinos, licores y aguardientes. Unos y otros movían en esos años un volumen del orden de las 60.000 y 80.000 pipas de sardina salada y vino. Estos fueron los cimientos que los catalanes pusieron en Vigo, para que la economía viguesa creciera extraordinariamente en los años venideros. En el Barrio del Arenal son numerosos los industriales catalanes que se afincan, unos en alquiler y otros construyen sus propias viviendas. Este crecimiento inusitado provoca un caos urbanístico en la zona, teniendo que intervenir el Ayuntamiento de Vigo ante la proximidad de muchas casas a la mar, hasta el punto que imposibilita el paso con pleamar a los carruajes y correos.

1783

José Caminada que simultaneó sus pesquerías en las Rías Bajas con las que llevaba a cabo de otros puertos de Andalucía y Levante, disponía de bases en Vigo, Hío y Aldán, poseía varias embarcaciones dedicadas al comercio, caso del “patache” de 30 toneladas “San José”, armando este año con motivo de la guerra con Inglaterra un corsario que sería muy renombrado, el “Gallardo”. Tenía varias casas en propiedad en el Barrio del Areal vigués, y numerosas fincas en las parroquias de Santiago de Vigo, Teis y Chapela. La enorme crisis que se cebó con España a finales de siglo, provocó que Caminada tuviese que hipotecar su gran patrimonio para poder sacar sus empresas adelante.

El equipo de trabajo del Ciclo Cultural de la Semana Caixanova 2008, en la Catedral de Tui.

El equipo de trabajo del Ciclo Cultural de la Semana Caixanova 2008, en la Catedral de Tui.

1785

El Barrio del Areal, conocido hasta aquellos años como el Arenal de la Barxa , poco a poco va tomando su nuevo apodo: “El Barrio de los Catalanes” alcanza los 110 vecinos y son numerosas las fábricas salazoneras que allí están instaladas.  En los próximos años aglutina la práctica totalidad de la industria del pescado, práctica que alterna con los almacenes de vinos y aguardientes de los industriales catalanes, que se acaban instalando con sus familias en esta zona, al conferirles la “carta fixa de vecindad de Vigo”.

1787

Estalla un conlicto por la irrupción de los catalanes en El Berbés, y textualmente en un acta municipal se puede leer: “Se propasan a concurrir a la Ribera del Berbés, donde compran el pescado para extraerlo de este Reyno, llevándolo a la Arena de las Monjas, distante de la Villa y de este modo privan al abasto de sus naturales y aún de la provincia”. El Marqués de Valladares, Procurador Síndico, advierte a los catalanes y demás ciudadanos que en el Arenal de las Monxas y Barrio de la Calzada, que no se les permitirá proceder a enterramientos. El Ayuntamiento de Vigo establece para los infractores una multa de dos ducados, además de procesarles y ponerles en la cárcel pública.

1791

Durante el bienio 1790-1791 las industrias salazoneras viguesas consumen 30.000 fanegas de sal, siendo el consumo más importante de Galicia. Le siguen Ares (26.700), Vilagarcía (26.110), El Ferrol (22.200) y Muros (21.215). Este consumo de sal, en lo que Vigo se refiere, se disparó en los años siguiente, llegando incluso el catalán Roura Sala y el riojano Llorente Romero, ambos afincados en el Barrio del Areal, a solicitar permiso al Estado para importar de otros países sal para abastecer a las fábricas viguesas. En aquellos años la Real Hacienda de la Monarquía era la monopolizadora de la sal. Vigo producía entonces como líder del mercado español 80.000 pipas de sardina, y 20.000 pipas de grasa de sardina. En la Ría de Vigo llegaban a trabajar en los últimos años de este siglo en la industria de la sardina, más de 15.000 mujeres y de 5.000 hombres. Cifras que algunos autores prácticamente duplican. Los emolumentos de las mujeres dos reales y medio por día de trabajo,…, el de los hombres era de más del doble.

1792

El crecimiento en aquel tiempo continúa a buen ritmo en los barrios vigueses de O Berbés, Falperra y Salgueiral, pero el de mayor índice es el Barrio de los Catalanes. El establecimiento de tantas fábricas de salazón ha sido el factor de máximo impulso para el crecimiento del barrio,…, de suerte que se ha hecho de nuevo de veinte años a esta parte,…, rezaban las crónicas de la época.

1796

Ignacio Raich de Arenys de Mar que también fue un destacado exportador de sardina, obtiene este año la Real Patente a favor de su bergantín de 40 toneladas “San Antonio y Animas” para exportar mercancías de Vigo al Cantábrico y Mediterráneo.

1799

Esta es la relación en millares de sardina, de la producción de las industrias de los principales empresarios catalanes en Vigo: José Luch (16.109), Narciso Buch (9.268), José Vadell (4.870), Juan Torrens (4.507), Zenón Curbera (4.166), Fidel Muntaner (4.156), Joseph Roura Sala (3.093), Francisco Pascual (2.994), Miguel Filiú Doset (2.342), Bonaventura Marcó del Pont (1.965), Carlos Enriquez (1.910), Joseph Bori (1.690). Otros catalanes aparecen a continuación con producciones menores en la lista caso de Nicolás Buch, Ramón Carreras, Mateo Catá, Miguel Crusat, Crsitóbal Domemech, Pablo Domenech, Juan Escofet, Francisco Guinovart, Juan Gumá, Carlos Guixeras, Carlos de Haz, Félix Illas, Antonio Martí, Salvador Massot, Isidro Moreu, Francisco Plá, Francisco Puig, Ramón Pujals, Ignacio Raich, Pedro Sabater, Isidro Sanz, Ventura Sanz, Grau Tapias y Fernando Vandrell entre otros. En total más de 40.000.000 de sardinas, cifra que en tres años aumentaría a 45.000.000 de producción anual.

1800

José Lluch se convierte en una de las figuras de mayor prestigio del comercio local. Este año arma en corso el “jabeque” “La Virgen del Carmen”, conocido popularmente por “El Palangrero” de 20 toneladas de porte. Lluch años después lograría el Ayuntamiento la concesión del abastecimiento de licores y aguardientes en Vigo. El industrial de Sant Pol de Mar de Girona, José Roura y Sala, es propietario de importantes industrias salazoneras con base en el Barrio del Areal y en el Puerto de Beluso. Roura al igual que Lluch también armó uno de sus barcos en corso, el “Santa Victoria” alias “La Fortuna”. Juan Escofet nacido en la localidad barcelonesa de Santa Eulalia de Baneres, forma una importante empresa en la que son socios sus paisanos Sacarrant , Torrens y los hermanos Badell. Esta empresa tenía factorías también en Vigo, Ferrol, Pontedeume y Vilanova y Geltrú.

El arte de la xábega en el Siglo XVIII (Colección Seoane & Prado)

El arte de la xábega en el Siglo XVIII (Colección Seoane & Prado)

1801

Francisco Xané de Barcelona es el comisionado de varias importantes empresas catalanas para la exportación de salazones y otros productos gallegos. Zenón Curbera llega a Vigo y es uno de los mayores industriales de la época en el mundo de la sardina. Curbera funda una de las principales industrias del curtido de aquel tiempo. Por su parte Gaspar Masetti arrienda al Ayuntamiento por 20.000 reales el suministro de aguardientes a Vigo y es nombradi posteriormente Comandante de la Milicia Urbana.

1802

Miguel Safons de Vilanova i la Geltrú tenía su casa en el Barrio de la Calzada de Teis, y se dedica especialmente a la importación de bacalao y al despacho de vinos catalanes al puerto de El Ferrol fundamentalmente. José Jorge alterna el tráfico de alcoholes con el salazón de pescado, y llega a tener dos fábricas en Nuestra Señora de la Guía (Teis-Vigo). Otros emigrados de Cataluña que llegan a Vigo en aquellos años son Andrés Llauger (Arenys de Mar), Félix Illas, Juan Millet y José Puig (Blanes), José Puch (Calella), Juan Vallonrat (Cornellá), Miguel Crusat (Sitges), Carlos Cerret (Tarragona) y Sebastián Carsi (Vilanova i la Geltrú).

1803

Se alcanza la cifra record de exportación de salazones de sardinas en Vigo hasta entonces, superándose la cifra de 124.000.000 de piezas. Los almacenes vigueses se encontraban hasta este año atestados de mercancía, ante el temor de la navegación por la guerra con Inglaterra. El “mejor cliente de Vigo por mar” era el Puerto de Barcelona, que absorbió el 67,5 % de lo exportado, seguido del de Alicante con el 23,6 % y el de Cartagena con el 7,4 %.

1810

En abril de este año la Junta Superior de Defensa del Reino de Galicia con motivo de la lucha contra el invasor napoleónico, da la relación de las siguientes cuotas tributivas, en reales de vellón: Marcó del Pont (20.000), Viuda de López (10.000), Pedro Abeleyra (6.000), José Lluch (5.000), Buch Arnao (4.000), Francisco Pascual (4.000), Carlos de Haz (3.500), Salvador Masot (2.800), Francisco Menéndez (2.800), Juan Escofet (2.500), Ignacio Raich (2.500), Isidro Moreu (2.500), Velázquez Moreno (2.500) y Gaspar Masetti (2.300).

1816

Salvador Massó Palau natural de Blanes (Girona) se instala en Bueu y con sus hijos Salvador y Gaspar crea una fábrica de salazón, “Salvador Massó e Hijos”. A partir de ahí el crecimiento de la Conservera Massó será constante, pasarán a ser “Massó Hermanos” y posteriormente se convertirán en una sociedad anónima. Abren factorías en Cangas, Avilés y Barbate. La historia de esta conservera llega hasta finales del pasado siglo XX.

Manuel Pedro Seoane Cordal


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