Cosme García, Monturiol, Peral y Sanjurjo los precursores de la navegación submarina

COSME GARCIA, nació el 27 de septiembre de 1818. Concibió la primera idea de un buque sumergible al viajar a Barcelona con motivo de mostrar el manejo y conservación de su máquina de correos. La prensa en esos días se hacia eco de los últimos experimentos de Bauer en Rusia, así como los proyectos y pruebas de campanas de buceo. El inventor riojano se planteó de la manera más racional posible: construir primero un pequeño prototipo que sirviera como banco de pruebas y experiencias, de las que saldrán las enseñanzas para el verdadero intento. Para realizar su prototipo, Cosme García acudió a la compañía “Maquinista Terrestre y Marítima” de Barcelona fundada hacía poco tiempo, y una de las pioneras de las construcciones metálicas en España. Lo sorprendente es que el inventor se decidiera por un casco de hierro, cuando todavía eran muchos los que dudaban de que con tal material se pudieran hacer buques ya que se dudaba de que flotaran. Desengañado al no encontrar el más leve apoyo oficial, lo echó a pique. Murió en 1874.

NARCIS MONTURIOL, natural de Figueres (1819), desde muy joven le atrajo la idea de crear una nueva nave que pudiera imitar los peces para liberar a los buceadores del duro trabajo para extraer coral de los fondos marinos. En 1858 después de varios años de estudio, anuncia su proyecto mediante la publicación de una memoria científica que tituló EL ICTINEO o BARCO PEZ. Con la ayuda de numerosos amigos fue puesto en quilla en Barcelona y botado el 28 de junio de 1859. En septiembre del mismo año permaneció sumergido 2 horas y 20 minutos. Realizando más de 50 inmersiones en aguas de Barcelona y cuatro en Alicante desde su botadura hasta 1862. Las pruebas realizadas en Alicante el 7 de mayo de 1861 fueron un éxito, y presenciadas por los ministros de Marina y Fomento. En 1862 publicó una memoria titulada A PROPÓSITO DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN ICTINEO DE GUERRA. El encargo oficial de la Marina no llegaba (no llegó nunca) y debido a la falta de dinero para seguir el proyecto, creó la sociedad LA NAVEGACIÓN SUBMARINA asociado comanditariamente, afluyó el dinero y el 2 de octubre de 1864 el ICTINEO II fue lanzado al agua. El 22 de octubre de 1867 realiza su primera salida a vapor pero el desaliento y la indiferencia de la gente le obliga a suspender los trabajos, culminando con la quiebra de la empresa y el embargo del ICTINEO que lo malvendió como chatarra.

  • Realizó inmersiones de hasta 8 horas.
  • Bajó a 18 metros (en 31 minutos).
  • En las pruebas alcanzó la profundidad de 30 metros.

En el verano de 1885, enfermo y amargado se trasladó a la casa que, en Sant Martí de Provencals, cerca de Barcelona, poseía su yerno el ingeniero José Pascual Deop; y en ella falleció el 6 de septiembre del mismo año. Sus restos descansan desde 1972, en su ciudad natal de Figueres.

ISAAC PERAL. Sus estudios sobre la navegación submarina le llevaron a presentar el proyecto de construcción de un barco torpedero submarino al Ministro de Marina, Almirante Manuel de la Pezuela y Lobo, el 9 de septiembre de 1885, coincidiendo con el conflicto de las Carolinas. El proyecto fue acogido con interés y las experiencias previas fueron financiadas con fondos públicos. A pesar de las dificultades producidas por un sabotaje durante estas pruebas, el 20 de abril de 1887 la Reina María Cristina firmaba el Decreto por el que se aprobaba la construcción de “un buque destinado a la navegación submarina”. Así, el 7 de octubre de 1887 se da la orden de construcción del submarino en el Arsenal de la Carraca (Cádiz), iniciándose el acopio de materiales. El proyecto sufre algunas modificaciones. Los torpedos que habían de adquirirse, fabricados por Whitehead (Italia), son sustituidos por los Schwartzcopf alemanes. No obstante, la quilla se pone el 1 de enero de 1888 y la botadura se efectúa el 8 de septiembre del mismo año. Durante los meses siguientes se realizan varias pruebas.

El 17 de enero de 1890 se habían completado con éxito todas las pruebas hasta el punto 5, aunque las autoridades de Marina no quedaron totalmente satisfechas. Para el 13 de marzo se crea una Junta Técnica de Evaluación que remite un protocolo de pruebas más completo. Una de las pruebas consistió en el simulacro de ataque al crucero Cristóbal Colón, de 1.150 toneladas que se realizó el 7 de junio de 1890. Durante una de las inmersiones se produce una avería en una de las válvulas y el submarino comienza a inundarse. Al emerger se comprueba que la válvula ha sido saboteada por uno de los tripulantes, se repara y continúa la prueba (llevando a bordo al saboteador, ya descubierto). La torreta óptica del submarino fue avistada a menos de 1.000 m de distancia por el crucero, dándose la maniobra por fracasada. Este hecho levantó las protestas de Isaac Peral al considerar que, los 200 invitados a bordo del crucero estaban advertidos de la acción que iban a presenciar, anulando el efecto sorpresa que existiría en una situación real de combate. Sin embargo, la prensa celebró el evento, alabando a Peral y su invento.

El informe final de la Junta Técnica resaltó estos hechos y determinados fallos constructivos del buque, impidiendo a Peral rebatir o reparar estas deficiencias, excusándose en la falta de conocimientos técnicos de éste al no poseer la titulación de Ingeniero Naval. El 10 de octubre de 1890 se publicó una Real Orden que recogía las conclusiones de la Junta Técnica, aunque tambiérn abría las puertas a la construcción de un nuevo submarino bajo la dirección de Peral pero con la intervención de otros departamentos y autoridades. Peral comunicó al ministro los planes de construcció del nuevo buque, un submarino de 120 toneladas y 30 m de eslora, cuya construcción debería ser dirigida por el propio Peral teniendo bajo su responsabilidad la selección del equipo humano y los astilleros donde habría de construirse. La respuesta, negativa, llegó el 31 de octubre ordenando, además, a Peral a entregar el submarino en el Arsenal de la Carraca. Para el 11 de noviembre de 1890 se promulgaba el Decreto por el que se daba fin a los proyectos de navegación submarina. El casco del Peral permaneció en el Arsenal de la Carraca, vacío de dispositivos, hasta 1914 que, por iniciativa del Comandante Mateo García de los Reyes, Jefe del Arma Submarina, es trasladado a la Base de Submarinos de Cartagena. En 1965, el Ayuntamiento de Cartagena reclama el submarino para que sea expuesto a la vista de todos los cartageneros y las personas que visiten la ciudad.

SANJURJO BADIA, nace en Sada en el  año 1837. Su padre poseía un taller, así como una relojería, en la localidad coruñesa en la que comenzó a trabajar con muy corta edad y en la que instaló años después una fundición. Emigra a Cuba en 1854 donde con un socio andaluz monta un taller de calderería de cobre. Sanjurjo sin embargo quiere regresar a España, y seis años después vende a su socio su participación y cruza el Atlántico llegando a un bullicioso y muy indistrial Vigo, que lo cautiva fijando ya su residencia en la ciudad olívica, donde adquiere los viejos talleres de “Ortega y Baamonde”  (La Fundidora) a los que les cambia el nombre, por lo que sería su empresa y la de sus descendientes: La Industriosa. La industria estaba situada en la calle García Barbón actual, muy cerca de don se se instalaría la Fábrica de Cervezas la Barxa y la Artística. Entre sus trabajos destaca en aquellos lejanos años, la creación y construcción de su particular submarino, expuesto actualmente en el Museo del Mar de Vigo, que tenía una pileta con paredes transparentes, para poder observar la fauna y la flora marinas.

Su genialidad y originalidad fue premiada por Alfonso XII, que le concedió la Gran Cruz de Carlos III. Es conocida su gran amistad con el genial Julio Verne que se acercó en varias ocasiones a  Vigo para mantener con él reuniones o simplemente días de esparcimiento. Es obvio que este gallego genial influyó en el escritor francés en sus conceptos de la navegación submarina del futuro e incluso Verne citó a Vigo en alguna de sus obras, en las que hizo referencia a la Batalla de Rande. Sus yates “Saint Michelle” fueron reparados en sus talleres y varaderos vigueses.


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