Arenys de Mar una potencia naval en los siglos XVIII-XIX, y sede de la Real Escuela Náutica

Juan Monjo estudió con provecho en la nueva Escuela de Maquinaria y después se dedicó a la enseñanza en diversas ciudades de Cataluña, teniendo entre sus alumnos a gente de la talla de Fidel Fita, de Jaume Català o de Josep Pasqual Soler. Entre 1848 y 1853 residió en Cuba. En 1853 escribió este Tratado de Arquitectura Naval, que fue aceptado como libro de texto oficial para las escuelas de náutica que el gobierno prometía abrir en breve, aunque de forma paradójica, por presiones de los gremios de constructores catalanes, se le negó a Monjo el título de Arquitecto Naval. En 1856, harto de las promesas incumplidas, abrió su propia escuela de Construcción Naval, Ciencias e Idiomas. Posteriormente, entre 1858 y 1868 Juan Monjo colaboró con Narciso Monturiol en la construcción de sus Ictíneos, realizando los cálculos de estructurales del primero y supervisando la construcción del segundo, tal como lo reflejan numerosos planos firmados por él. Sin embargo, es esta segunda colaboración discrepaba en algunos aspectos con Monturiol y otros colaboradores, lo cual le llevó a apartarse del proyecto y que escribiera una obra titulada "Sufrimientos morales que me ha causado el Ictíneo", que sólo fue publicada tras su muerte. En 1869 fue nombrado director de la Real Escuela Náutica de Arenys de Mar, que tuvo que cerrar cinco años más tarde debido al estallido de la tercera Guerra Carlista. De su larga trayectoria como autor de tratados formativos destacan títulos como "Cálculo instrumental explicado sobre la regla calculatoria Gravet-Lenoir ", "Manual de Cálculo Mercantil", "Resolución gráfica de los ejemplos de cálculo mercantil", "Manual de Gramática" y "Manual de Geometría".

Juan Monjo en 1853 escribió un Tratado de Arquitectura Naval, que fue aceptado como libro de texto oficial para las escuelas de náutica. Entre 1858 y 1868 Juan Monjo colaboró con Narciso Monturiol en la construcción de sus Ictíneos, realizando los cálculos de estructurales del primero y supervisando la construcción del segundo… así lo reflejan planos firmados por él.  En 1869 fue nombrado director de la Real Escuela Náutica de Arenys, que tuvo que cerrar cinco años después por la tercera Guerra Carlista.

La promulgación de la disposición del 12 de octubre de 1778, que había acabado con el monopolio de los puertos del sur español (de los puertos de Sevilla y Cádiz), hizo progresar la navegación atlántica de la marina catalana. La necesidad de disponer pilotos, la intervención de los cuales era legalmente imprescindible para las rutas de ultramar, fueron el motivo por el cual muchos padres de familia y el gremio de Sant Elm de Arenys de Mar solicitaran a Josep Baralt el establecimiento de una Escuela de Pilotos, que era la persona más adecuada, puesto que, además de su larga experiencia y de la condición de primer piloto con graduación oficial de la Real Armada, tenía una formación excelente. La idea le pareció buena y empezó los trámites legales porque de fuera autorizada esta Escuela de Náutica de Arenys, que obtuvo con carácter provisional. El permiso de apertura le llegó el 7 de marzo del año 1779 y, de manera definitiva al año siguiente:  el 30 de abril de 1780.

´Fotografía del Siglo XIX de la Escuela de Pilotos de Arenys de Mar.

´Fotografía del Siglo XIX de la Escuela de Pilotos de Arenys de Mar.

La Escuela inició sus actividades el 7 de abril de 1782 en Arenys de Mar. Las primeras clases las impartió en su casa, en la calle de la Iglesia, como reza una placa actualmente visible en su fachada. Sólo en instrumentos náuticos, Josep Baralt gastó la cantidad de 2.491 libras.

En poco tiempo se hizo pequeña y el 1783 se trasladó a un edificio situado al Camino Real (carretera general hacia Francia) a la parte de levante de la población y era conocida vulgarmente con el nombre de “Estudio de los Pilotos”. En esta Escuela, como consta en el libro de registro de alumnos, asistieron jóvenes de toda Cataluña, de Baleares, Alicante, Tortosa, Málaga e incluso de Galicia. La cuota era de 8 pesetas de la época mensuales. El 3 de febrero de 1807 consta una inscripción total de 93 alumnos.

Mapa de Cataluña de comienzos del Siglo XVIII

Mapa de Cataluña de comienzos del Siglo XVIII

Esta Escuela obtuvo la “Real Aprobación” en 1783, ganó la condición y categoría de “Escuela Náutica de la provincia marítima”, con la Real Protección el 1792y finalmente en 1802recibe la distinción de Real Escuela Náutica. Una demostración de la importancia de la potencia náutica de la Villa de Arenys de Mar es que el 1786 había 59 naves que hacían el trayecto al Nuevo Continente, todas ellas construidas en los cinco astilleros de Arenys y patroneadas por pilotos salidos de la Escuela Náutica.

Veinte años más tarde de la fundación de la Escuela de Náutica, el 22 de octubre del año 1802,  el Rey Carlos IV y su familia pernoctaron en Arenys alojándose en las casas de Can Ramis y de Pau; conocedor el Rey de la importancia de la Escuela Náutica quiso conocer personalmente a Josep Baralt, que le fue presentado por Josep de Olózoga, capitán del puerto de Barcelona y por Pere de Ayala, ayudando militar y de marina de Arenys de Mar. El Rey, completamente satisfecho por las explicaciones que se le dieron, decretó que la Escuela se titulara “Real” y nombró a Josep Baralt, Teniente Mayor de la Armada y le otorgó el privilegio de ondear en la fachada el “pennón real”. El 22 de febrero de 1806 Josep Baralt fue nombrado Ayudante Militar de Marina y Capitán del puerto de Arenys, cargo que ocupó hasta su muerte.

Grabado de la época de Arenys de Mar

Grabado de la época de Arenys de Mar

Entonces, el Estudio, que casi no se podía mantener económicamente, pasó a manos de Francesc de Padua Farrucha, natural de Cartagena. A pesar de que invirtió unas sumas de dinero considerables, al aprobarse la orden de incorporar la enseñanza de náuticaa los institutos de segunda enseñanza la escuela tuvo que cerrar sus puertas. Sin embargo, después de unas cuántas tentativas frustradas, el 1869, volvió a abrir las puertas con Joan Monjo i Pons al frente. A pesar de ello, el transporte por ferrocarril, la progresiva pérdida de las colonias de ultramar y la aparición de los barcos de vapor, producen la decadencia de la navegación de vela. Las mestrances de Arenys desaparecen o quedan reducidas a la construcción de barcas de poco tonelaje. En 1874 se cierra definitivamente la Real Escuela Náutica de Arenys de Mar.

LA EDAD DE ORO DE LA NAVEGACIÓN

Ya a finales del siglo XVII y durante la primera mitad del XVIII, algunos barcos de Arenys empiezan a comerciar, a través de Cádiz, con América, y con la apertura del comercio de Indias en 1778, la economía arenyenca recibe un fuerte impulso. Numerosos marineros y patrones de la población se matriculan para la carrera de América, y en 1786, ya hay 54 naves en Arenys que hacen el trayecto en el nuevo continente. El 1779, para formar técnicamente oficiales y capitanes para las singladuras oceánicas, el navegante areñense Josep Baralt y Torras (1740-1829), funda, en la villa, el Estudio de Pilotos, que llegó a ser la escuela naval más prestigiosa del Principado, y por la que pasaron, hasta que se cerró definitivamente en 1874, más de 2.000 alumnos, provenientes de toda Cataluña, de España e incluso de América.

A finales del siglo XVIII, Arenys, con sus cinco astilleros, es el pueblo pionero en la constucción naval de Cataluña. Además, era la villa de la provincia marítima de Mataró -del Masnou hasta Tossa-, de donde salían más barcos hacia América; la seguían de muy lejos, Mataró y Canet y, aunque a más distancia, Blanes, Lloret y Tossa.

La industria textil y de punto experimenta una ligera expansión y la actividad de los comerciantes de encaje va en aumento. Las puntas de Canet, Calella y sobre todo de Arenys, se exportan a la península -las de Arenys en Madrid se convierten en muy famoses- y al otro lado del Atlántico. En 1789, los 7 encaje más importantes de la población hacen trabajar 850 encajeras.

Como consecuencia de la euforia económica de esta época es construyen unas 300 casas y se abren nuevas calles. Además, tiene lugar un fenómeno primordial para el urbanismo de la población: la transformación de la Riera. Hasta entonces era una rambla, un terreno arenoso, por la que a menudo bajaba agua y no se edificaba. Sólo daban los huertos de los traseros de las casas, y se utilizaba como vertedero de basura. A lo largo de este siglo, pasa a convertirse en una vía pública en la que se construyen nuevas casas y las mansiones señoriales, como las casas Milans y Ramis, hay edifican la fachada principal. Se abren, además, dos plazas, la de la villa y la de la iglesia. En el siglo XIX, con la plantación de los plátanos (1865) -provenientes de la Devesa de Girona-, la construcción de nuevas casas y la apertura de algunas tiendas, se convierte en el centro neurálgico de la villa.

A la entrada del siglo XIX, Arenys tiene 4.439 habitantes y 906 casas. En el campo de la industria, funcionaban varias fábricas de tejidos, de algodón y de seda y había unas 1.500 encajeras.

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), la ciudad se convierte en un núcleo clave de comunicación y de intendencia de los ejércitos aliados español e inglés. De Arenys salen convoyes de víveres y armas destinados a diversos puntos neurálgicos de Cataluña, y así mismo es el punto de partida de la expedición marítima para la conquista de las islas Medes. Debido a su situación estratégica, se le asignaron unas tropas de cobertura que sostuvieron encarnizados combates para mantener la ciudad fuera del dominio napoleónico. Al caer Girona a manos de los franceses (1809), la Junta Corregimental de la ciudad y los sucesivos gobernadores se trasladan a Arenys, que se convierte en capital libre del Corregimiento. A pesar de todo, Arenys sufrió varias ocupaciones, aunque esporádicas, de los franceses, la más importantes de las cuales fue la de invierno y la primavera de 1812. Tampoco se libró de saqueos, y de fuertes contribuciones de guerra, tanto por parte de los franceses como por parte de los españoles.

Precisamente en esta época es cuando se menciona por primera vez de forma explícita el Llama tradicional de la villa, “las almendras de Arenys”. Si bien ya se tenía noticia de que en el siglo XVII se fabricaban almendras azucaradas, el año 1814, con motivo de la estancia que hizo Fernando VII en Calella, al volver del exilio, el Ayuntamiento de aquella ciudad pide al de Arenys , que le envíe “Almendras de Arenys” para obsequiar al monarca.

Los dos primeros tercios del siglo XIX, la actividad naval continúa con gran pujanza. Fondean en Arenys unos 490 barcos anuales. Casi cada día, llegan de 30 a 40 cargas de cerámica de Breda destinadas a Ultramar. También se exportan, sobre todo en Matanzas -donde había una importante colonia arenyenca-, puntas, corcho, madera, armas, medias, cuadros de artistas Barcelona, ​​sanguijuelas, etc.

Continúa la actividad de las maestranzas, con linajes de carpinteros de ribera, los Pica, los Ferrer y los Jaurés, y sobre todo de los Busquets, padre e hijo, conocidos como los “Caldes”, del astillero de los que salían un promedio de tres a cinco veleros de gran tonelaje anuales, como por ejemplo la Bricbarca “Doña Flora de Pombo”, de 884 toneladas.

Muchos areñenses van a América a hacer fortuna y algunos vuelven enriquecidos, los famosos “americanos”. De entre estos destacamos: Francisco Roget; Paz Espriu y Llobet (1770-1846), que fue uno de los fundadores de la ciudad de Cárdenas, en Cuba; Josep Xifré i Casas (1777-1856), que con sus negocios en Cuba y en EE.UU., llegó a ser el catalán más rico del siglo XIX e hizo construir en la villa un grandioso hospital para los pobres; Jaime Partagás y Rabell (1816-1861), creador de la prestigiosa “Real Fábrica de Tabacos Partagás”, fundada en Cuba, en 1845; Antoni Torrent y Carbonell (1833-1898), que hizo construir el Asilo de los Ancianos Desamparados, edificio todavía destinado al uso por el que fue creado en 1897; Prudencio Rabell y Pubill (1835-1906), primo de Partagás, dedicado también al negocio de los tabacos, al que en 1897 se otorgó el marquesado de Rabell.

Entretanto, en 1834, la población, que tiene una poderosa comunidad de sacerdotes, ha sido erigida su arciprestal. Ese mismo año, la constituye en cabeza de partido judicial.

En el año 1835, al crearse las provincias, Arenys, que siempre había pertenecido a la zona administrativa de Girona (Condado, veguería, Corregimiento), pasa a depender de la provincia de Barcelona. Ha continuado, sin embargo, hasta nuestros días, formando parte del obispado de Girona, con un paréntesis de veinte años (1958-78), en el que perteneció a la diócesis barcelonesa.


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